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Babilonia La Grande

Bajo la dirección de Robert Koldewey, que trabajó para la Sociedad Oriental Alemana, se llevaron a cabo importantes excavaciones en Babilonia entre los años 1899 y 1917. En ellas se desenterraron algunas de las secciones más importantes de la gran zona de ruinas de la antigua Babilonia, si bien durante esas excavaciones hubo amplios sectores que no fueron tocados. Desde los albores de la historia, Babilonia fue una ciudad importante de Mesopotamia (Gén. 11). Hammurabi la constituyó en capital de su dinastía. Como sede del santuario del famoso dios Marduk, seguía siendo un centro religioso aun durante los períodos cuando no gozaba de supremacía política, como por ejemplo durante el tiempo cuando Asiria fue el principal poder mundial. Cuando Nabopolasar recobró la independencia de Babilonia, la ciudad volvió a ser una vez más la metrópoli del mundo. Pero fue especialmente con Nabucodonosor, el gran propulsor del Imperio Neobabilónico, cuando Babilonia llegó a ser "hermosura de reinos y ornamento de la grandeza de los caldeos" (Isa. 13: 19).

Fue la ciudad de Nabucodonosor la que desenterró Koldewey durante los 18 años de excavaciones alemanas.

Prácticamente no se encontraron restos de las etapas anteriores de la ciudad. La razón de esto es doble: (1) El cambio del lecho del río Eufrates elevó el nivel del agua y por lo tanto los estratos de las ciudades anteriores están ahora bajo el nivel del agua, y (2) la destrucción de Babilonia realizada por el rey asirio Senaquerib en el año 689 a. C. fue tan completa, que quedó poco de la antigua ciudad que pudieran descubrir las generaciones posteriores. Por eso, todas las ruinas visibles de hoy son del posterior Imperio Neobabilónico. Aun ellas muestran una desolación y confusión poco comunes, por dos razones:

(1) Grandes partes de la ciudad fueron destruidas por el rey Jerjes de Persia después de dos cortas revueltas contra su gobierno.

(2) Las ruinas de Babilonia fueron empleadas por Seleuco para construir Seleucia alrededor del año 300 a. C. La mayoría de los edificios de las aldeas vecinas, y de la ciudad de Hilla (o Hella), así como la gran represa del río Hindiya, fueron construidos con ladrillos de Babilonia.

A pesar de estas desventajas los excavadores lograron que se comprendiera mucho del plano de Babilonia de Nabucodonosor. Los antiguos documentos cuneiformes hallados durante la excavación ayudaron en esta tarea. Esos documentos contenían descripciones detalladas de la ciudad, de sus principales edificios, muros y barrios, de manera que se conoce más en cuanto al plano de la Babilonia de Nabucodonosor que de muchas ciudades medievales de Europa.

Por eso estamos excepcionalmente bien informados en cuanto a la ciudad en cuyas calles caminó Daniel y acerca de la cual pronunció Nabucodonosor 822 las arrogantes palabras que se registran en Dan. 4: 30.

El Tamaño de la Antigua Babilonia

Antes de que la pala del excavador revelase el verdadero tamaño de la Babilonia de Nabucodonosor y de la Babilonia de tiempos anteriores, los eruditos se fiaban de la descripción de Herodoto. Ese historiador pretende haber visitado Mesopotamia a mediados del siglo V a.C., y por eso a menudo se han considerado sus declaraciones como las de un testigo presencial. Afirma (i. 178-179) que Babilonia tenía la forma de un gran cuadrado, de aproximadamente 22 km. de lado. Esas medidas dan a los muros de la ciudad un largo total de 88 km., y a la ciudad misma una superficie de casi 490 km. cuadrados. También dice que sus muros tenían unos 25 m de grosor y 104 m de alto.

Antes de que las modernas excavaciones revelaran el tamaño de la antigua Babilonia, se trató de armonizar las declaraciones de Herodoto con las ruinas visibles. Por ejemplo, el asiriólogo francés Jules Oppert trató de explicar la declaración de Herodoto extendiendo el área de la ciudad de Babilonia hasta incluir a Birs Nimrud, a 19 Km. al suroeste de las ruinas de Babilonia, o a Tell el-Ojeimir, a 13 km. al oeste. Esta explicación es completamente insatisfactoria. Ya en los días de Oppert se sabía que Birs Nimrud es el sitio de la antigua Borsipa, y Tell el-Ojeimir el lugar de Kish, ambas ciudades famosas e independientes, con muros protectores separados. Puesto que no se han encontrado muros que rodeen tanto a Babilonia como a Borsipa o a Kish, y puesto que tal muro no se menciona en ninguno de los documentos de la época que describen la antigua ciudad, no puede aceptarse el cálculo de Oppert basado en la declaración de Herodoto respecto a la extensión de los muros de Babilonia.

Las excavaciones revelan que antes del tiempo de Nabucodonosor, la ciudad era casi cuadrada, con muros de más o menos un kilómetro y medio de largo en cada lado; en el mapa de la p. 823 se la llama la Ciudad Interior. Los palacios y edificios de la administración estaban en la sección noroeste de la ciudad, y al sur de ellos estaba el principal conjunto de templos, llamado Esagila, dedicado al dios principal de Babilonia, Marduk. El río Eufrates corría a lo largo del muro occidental de Babilonia. Cuando Babilonia sirvió de capital al vasto imperio de los tiempos de Nabopolasar y Nabucodonosor, necesitó ser agrandada. Se construyó una nueva sección sobre la margen occidental del Eufrates. Se conoce su extensión, pero se han realizado pocas excavaciones en esa zona. Lo que se sabe en cuanto a sus templos y calles son los datos obtenidos de los documentos cuneiformes que describen ese barrio. La sección nueva estaba unida con la ciudad vieja por un puente que descansaba sobre ocho pilares, como lo han revelado las excavaciones.

Nabucodonosor también construyó un palacio nuevo muy alejado de la ciudad vieja y al norte de ella, el así llamado Palacio de Verano. Un gran muro exterior fue construido para abarcar también ese palacio. El nuevo muro aumentó mucho el tamaño de la ciudad. No hay evidencia de que haya habido muro a lo largo del río desde el Palacio de Verano hasta el sector del antiguo palacio. Por lo tanto, se ha llegado a la conclusión de que se consideraba el río como una protección suficiente.

Los muros, que en su mayor parte pueden aún verse claramente como montículos largos y altos, miden unos 21 km. Esta medida es la del largo total de los muros, tanto de la ciudad interior como de la ciudad exterior. El perímetro de la ciudad de Nabucodonosor, incluyendo la tierra ribereña, desde el Palacio de Verano hasta el sector del antiguo palacio, era de unos 16 km.

Excavaciones realizadas en tiempos modernos han revelado el grosor de los diferentes muros y muestran que necesita modificarse la descripción de Herodoto sobre este punto. Las fortificaciones que rodeaban la Ciudad Interior consistían de muros dobles, de los cuales el muro interior tenía 6,5 m de espesor, y el muro exterior 3,7 m de grosor. El sistema de fortificaciones exteriores también era doble, con un relleno de ripio entre ambos muros y un camino en la parte superior, de acuerdo con Herodoto. El grosor de cada uno de ellos era el siguiente: muro interior, 7 m; espacio para rellenar, 11,2 m; muro exterior, 7,8 m, más una especie de contrafuerte en la base, de 3,3 m de espesor. El ancho total de la fortificación exterior era de 29,39 m. De sus muchas torres, 15 ya han sido excavadas.

"Las excavaciones no indican la altura de los antiguos muros, ya que quedan sólo las bases. En ninguna parte tienen éstos más de 12 m (en la Puerta de Ishtar). Es casi inconcebible que aun un muro doble, con una base de 29 m de espesor, pueda haber alcanzado una altura de 103 m. No se conocen ejemplos antiguos ni modernos de un muro de ciudad de tales proporciones. Por eso la declaración de Herodoto en cuanto a la altura del muro de Babilonia debe también descartarse.

¿Por qué razón hubo esas imprecisiones? Se ha dado la siguiente explicación: Cuando Herodoto visitó Babilonia, la ciudad yacía mayormente en ruinas, habiendo sido destruida por Jerjes después de dos serias revoluciones contra su gobierno. Estaban completamente demolidos los templos, palacios y todas las fortificaciones. En ocasión de su visita, Herodoto tuvo que depender de informes orales en cuanto al estado previo de las cosas, la apariencia de los edificios y el tamaño de la ciudad y de los muros. Puesto que él no hablaba el idioma babilonio, sino que dependía de un guía que hablaba griego, puede haber recibido ciertas informaciones imprecisas debido a dificultades de traducción. Además algunas de sus declaraciones erróneas pueden haberse debido a una memoria defectuosa.

F.M. Th. [de Liagre] Böhl sugiere que Herodoto puede haber tenido en cuenta toda la Babilonia fortificada, incluso todas las zonas comprendidas en la región que podía inundarse en tiempo de peligro. Böhl recuerda a sus lectores el hecho de que al lego le es muy difícil distinguir entre los diques de canales secos y los restos de muros de antiguas ciudades. La única diferencia es la ausencia de fragmentos de alfarería en los diques.
Aquéllos se encuentran en abundancia junto a antiguos muros de la ciudad. Por lo tanto, debe considerarse posible que Herodoto tomó por restos de los muros de la ciudad a algunos de los muchos diques de los canales (ver Ex Oriente Lux, Jaarbericht N.º 10, 1945-48, p. 498, n. 28).

Aunque la antigua Babilonia no tenía el tamaño fantástico que le atribuyera Herodoto, la ciudad era enorme para un tiempo cuando las ciudades eran muy pequeñas de acuerdo con los conceptos que hoy tenemos. Su perímetro de unos 17 km. es superior al perímetro de 12 km. de Nínive, capital del imperio de Asiria; al de los muros de la Roma imperial, de 10 km. de perímetro; y al de los 6 km. de los muros de Atenas en el tiempo del apogeo de esa ciudad en el siglo V a. C. Esta comparación con otras ciudades famosas de la antigüedad muestra que Babilonia era, con la posible excepción de la egipcia Tebas -que entonces ya estaba en ruinas- la más extensa y la más grandiosa de todas las capitales antiguas, aunque fue mucho más pequeña de lo que la describieron posteriormente los escritores clásicos. Es comprensible por qué Nabucodonosor sintió que tenía derecho a jactarse de haber construido "la gran Babilonia... con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad" (Dan. 4: 30).

Una Ciudad de Templos y Palacios

Los antiguos babilonios estimaban que su ciudad era el "ombligo" del mundo por el hecho de que allí estaba el santuario del dios Marduk, a quien se consideraba como señor del cielo y de la tierra, el principal de todos los dioses. Por eso Babilonia era un centro religioso sin rival en la tierra. Una tablilla cuneiforme del tiempo de Nabucodonosor enumera 53 templos dedicados a dioses importantes, 955 pequeños santuarios y 384 altares callejeros; todos ellos dentro de los límites de la ciudad. Por comparación, Asur, una de las principales ciudades de Asiria, con sus 34 templos y capillas, hacía una impresión relativamente pobre. Se puede comprender bien por qué los babilonios estaban orgullosos de su ciudad, cuando decían: "Babilonia es el origen y centro de todas las tierras". Su orgullo se refleja en las famosas palabras de Nabucodonosor citadas en el comentario sobre el pasaje del cap. 4:30, y también en un antiguo canto de alabanza (tal como lo da E. Ebeling, Keilschrifttexte aus Assur religiósen Inhalts, Parte 1, [Leipzig, 1915], N.º 8):

"Oh Babilonia,
quienquiera que te contempla se llena de regocijo,
Quienquiera que habita en Babilonia aumenta su vida,
Quienquiera que habla mal de Babilonia es
como el que mata a su propia madre.
Babilonia es como una dulce palma datilera,
cuyo fruto es hermoso de contemplar".

El centro de la gloria de Babilonia era la famosa torre templo Etemenanki, "la piedra fundamental del cielo y de la tierra", que tenía una base cuadrada de 90 m de lado y más de 90 m de alto. Este grandioso edificio sólo era sobrepasado en altura en tiempos antiguos por las dos grandes pirámides de Giza (o Gizeh) en Egipto. La torre puede haber sido construida en el lugar donde una vez estuvo 825 la torre de Babel. La construcción de ladrillos tenía siete niveles, de los cuales el más pequeño y más elevado era un santuario dedicado a Marduk, principal dios de Babilonia. Ver com. Gén. 11: 9.

Un gran conjunto de templos, llamado Esagila -literalmente: "El que levanta la cabeza"-, rodeaba la torre Etemenanki. Sus patios y edificios fueron el escenario de muchas ceremonias religiosas realizadas en honor de Marduk. Grandes y pintorescas procesiones terminaban en este lugar. Con excepción de] gran templo de Amón en Karnak, Esagila fue el más grande y más famoso de todos los templos del antiguo Cercano Oriente. Ya tenía una larga y gloriosa historia cuando Nabucodonosor ascendió al trono, y el nuevo rey reconstruyó completamente y hermoseó extensas secciones del conjunto de templos, incluso la torre Etemenanki.

Los palacios de Babilonia revelaban un lujo extraordinario tanto en número como en tamaño. Durante su largo reinado de 43 años Nabucodonosor construyó tres grandes castillos o palacios. Uno de ellos estaba en la Ciudad Interior y los otros fuera de ella. Uno es conocido como Palacio de Verano, en la parte más septentrional del nuevo barrio oriental. El montículo que ahora cubre sus restos es el más alto entre los que constituyen las ruinas de la antigua Babilonia, y es el único lugar que aún lleva el antiguo nombre de Babil. Sin embargo, la completa destrucción de este palacio en tiempos antiguos y el subsiguiente saqueo de los ladrillos de su estructura no han dejado mucho para que descubra el arqueólogo. Por eso sabemos poco respecto a ese palacio.

Otro gran palacio, al cual los excavadores dan ahora el nombre de Palacio Central, estaba inmediatamente fuera del muro norte de la Ciudad Interior. Este también fue construido por Nabucodonosor. Los modernos arqueólogos también encontraron este gran edificio sumamente desolado, con excepción de una parte del palacio, el Museo de Antigüedades. Aquí se habían coleccionado y puesto en exhibición objetos valiosos del glorioso pasado de la historia de Babilonia, tales como estatuas antiguas, inscripciones y trofeos de guerra, con el propósito de que "los hombres contemplen", según lo expresara Nabucodonosor en una de sus inscripciones.

El Palacio del Sur estaba en el rincón noroeste de la Ciudad Interior, e incluía, además de otros edificios, los famosos jardines colgantes, una de las siete maravillas del mundo antiguo. Un gran edificio abovedado estaba coronado por un jardín en la azotea, regado por un sistema de cañerías por el cual el agua era bombeada hasta arriba. Según Diodoro, Nabucodonosor construyó este maravilloso edificio para que su esposa meda tuviera en medio de Babilonia, plana y sin árboles, un sustituto de las colinas arboladas de su tierra natal que ella echaba de menos. En las bóvedas bajo los jardines colgantes se almacenaban provisiones de cereales, aceite, frutas y especias para abastecer a la corte y a los que dependían de ella. Los excavadores hallaron en estas piezas documentos de la administración, algunos de los cuales mencionan que el rey Joaquín de Judá recibía raciones reales.

Junto a los jardines colgantes estaba un extenso conjunto de edificios, salones y habitaciones que habían reemplazado al palacio más pequeño de Nabopolasar, padre de Nabucodonosor. Este Palacio del Sur era considerado la residencia oficial del rey, el lugar donde se desarrollaban todas las ceremonias del Estado. En el centro estaba la gran sola del trono, de 52 m de largo, 17 m de ancho y posiblemente 18 m de alto. Quizá esta inmensa sala fue el lugar donde Belsasar celebró su banquete la última noche de su vida, porque ninguna otra sala del palacio era lo suficientemente grande para ubicar a mil invitados (ver Dan. 5: 1).

Una de las edificaciones más llenas de colorido de aquella ciudad era la famosa Puerta de Ishtar, junto al Palacio del Sur, que formaba una de las entradas del norte de la Ciudad Interior. Era la más hermosa de las puertas de Babilonia, porque por ella pasaba la calle de las procesiones, que llevaba de los distintos palacios reales al templo de Esagila. Felizmente esta puerta no fue tan completamente destruida como los otros edificios de Babilonia y es ahora la más impresionante de todas las ruinas de la ciudad. Se eleva todavía a una altura de unos 12 m.

Las edificaciones interiores de los muros y puertas de la ciudad, de los palacios y de los templos eran de adobes. Las capas exteriores estaban hechas de ladrillos cocidos y en algunos casos, de ladrillos esmaltados. Los ladrillos exteriores de los muros de la ciudad eran de color amarillo; los de las puertas, celestes; los de los palacios, rosados; y los de los templos, 826 blancos. La puerta de Ishtar era una construcción doble, debido a los muros dobles de la ciudad. Tenía 50 m de largo y constaba de cuatro estructuras semejantes a torres de grosor y altura que variaban. Las paredes eran de ladrillos cuyas superficies esmaltadas formaban figuras de animales en relieve. Había por lo menos 575 de éstos. Había toros amarillos con hileras de adorno de pelo azul y cuernos y pezuñas verdes. Estos alternaban con bestias mitológicas amarillas, llamadas sirrush, que tenían cabezas y colas de serpientes, cuerpos escamados y patas de águilas y gatos (ver una ilustración frente a p. 896, y en SDA Bible Dictionary, fig. 137).

El acceso a la Puerta de Ishtar (ver la ilustración frente a la p. 896) a ambos lados de la calle tenía muros de defensa. En esas paredes había leones de ladrillo esmaltado, en relieve, de color blanco con melenas amarillas o amarillos con melenas rojas (que ahora se han vuelto verdes) sobre un fondo azul.

Tal era la pintoresca y fuerte ciudad que el rey Nabucodonosor había construido: la maravilla de todas las naciones. Su orgullo por ella está reflejado en las inscripciones que dejó para la posteridad. Una de ellas, ahora en el Museo de Berlín, reza así:

"Yo he hecho a Babilonia, la santa ciudad, la gloria de los grandes dioses, más destacada que antes, y he impulsado su reconstrucción. He hecho que los santuarios de dioses y diosas sean iluminados como el día. Ningún otro rey entre todos los reyes jamás ha creado, ningún otro rey anterior ha construido jamás, lo que yo he construido magníficamente para Marduk. Fomenté al máximo la habilitación de Esagila, y la renovación de Babilonia más de lo que se había hecho antes. Todas mis obras valiosas, el embellecimiento de los santuarios de los grandes dioses que yo emprendí, más que mis antepasados reales, yo escribí en un documento y puse por escrito para las generaciones venideras. Todos mis hechos, que yo he escrito en este documento leerán aquellos que sepan [leer] y recordarán la gloria de los grandes dioses. Sea largo el camino de mi vida, me regocije yo en mi simiente; gobierne mi simiente sobre los pueblos de cabeza negra para toda la eternidad y la mención de mi nombre sea proclamado para bien en todos los tiempos futuros".

CBA T4