01 Las Santas Escrituras 02 La Trinidad 03 Dios Padre 04 Dios El Hijo 05 Dios El Espíritu Santo 06 La Creación 07 La Naturaleza del Hombre 08 La Gran Controversia 09 La Vida, Muerte, y la
Resurrección de Cristo 10 La Experiencia de la Salvación 11 La Iglesia 12 El Remanente y su Misión 13 Unidad en el Cuerpo de Cristo 14 El Bautismo 15 La Santa Cena del Señor 16 Dones
Espirituales y Ministerios 17 El Don de la Profecía 18 La Ley de Dios 19 El Día de Reposo 20 La
Mayordomía 21 Comportamiento Cristiano 22 El Matrimonio y la Familia 23 El Ministerio de Cristo en el Santuario Celestial 24 La Segunda Venida de Cristo 25 La Muerte y la Resurrección 26 El Milenio y el Fin del Pecado 27 La Tierra Nueva
I La Santa Biblia Las Sagradas Escrituras compuestas del Antiguo y
Nuevo Testamento, son la
Palabra de Dios escrita,
otorgada por inspiración
divina mediante hombres
santos de Dios que
hablaron y escribieron
movidos por el Espíritu
Santo. En su palabra, Dios
ha transmitido al hombre
el conocimiento necesario
para la salvación. Las
Sagradas son una revelación
infalible de su voluntad.
Son la norma de carácter,
la prueba de la
experiencia, la autoridad
reveladora de las
doctrinas, y el registro
fidedigno de los hechos de
Dios en la historia. Sustento Bíblico: 2Pedro 1:20,21; 2Timoteo 3:16,17; Salmos 119:105; Proverbios 30:5,6; Isaías 8:20; S.Juan 17:17; 1Tesalonicenses 2:13; Hebreos 4:12
II La Trinidad Hay
un solo Dios: Padre, Hijo,
y Espíritu Santo, una
unidad de tres Personas
coexistiendo por la
eternidad. Dios es
inmortal, todo poderoso,
conocedor de todo,
superior a todo, y
omnipresente. Él es
infinito y más allá de
la comprensión humana,
pero conocido por Su auto
revelación. Él es
siempre digno de alabanza,
adoración, y servicio por
toda la creación. Sustento Bíblico: Deuteronomio 6:4; Mateo 28:19; 2Corintios 13:14; Efesios 4:4-6; 1Pedro 1:2; 1Timoteo 1:17; Apocalipsis 14:7
III Dios El Padre Dios
el eterno Padre es el
Creador, la Fuente, el
Sustentador, y el Soberano
de toda la creación. Él
es justo y santo,
misericordioso y piadoso,
lento con la ira, y
abundante en constante
amor y fidelidad. Las
cualidades y los poderes
exhibidos en el Hijo y el
Espíritu Santo también
son revelaciones del
Padre. Sustento Bíblico: Génesis 1:1; Apocalipsis 4:11; 1Corintios 15:28; S.Juan 3:16; 1Juan 4:8; 1Timoteo 1:17;
Éxodo 34:6,7; S.Juan 14:9
IV Dios El Hijo Dios
el eterno Hijo fue
encarnado en Cristo Jesús.
Por Él todas las cosas
fueron creadas, el carácter
de Dios es revelado, la
salvación de la humanidad
es realizada, y el mundo
es juzgado. Siempre Dios
verdadero, Él se convirtió
verdaderamente hombre, Jesús
el Cristo. Fue concebido
del Espíritu Santo y
nacido de la virgen María.
Él vivió y experimentó
la tentación como todo
ser humano pero
ejemplificando
perfectamente la rectitud
y el amor de Dios. Por sus
milagros Él manifestó el
poder de Dios y fue
demostrado como el Mesías
prometido de Dios. Él
sufrió y murió
voluntariamente en la cruz
por nuestros pecados y en
nuestro lugar. Él volverá
de nuevo en gloria para la
última liberación de su
pueblo y la restauración
de todas las cosas. Sustento Bíblico: S.Juan 1:1-3 & S.Juan 1:14; Colosenses 1:15-19; S.Juan 10:30; S.Juan 14:9; Romanos 6:23; 2Corintios 5:17-19; S.Juan 5:22; Lucas 1:35; Filipenses 2:5-11; Hebreos 2:9-18; 1Corintios 15:3,4; Hebreos 8:1,2; S.Juan 14:1-3
V Dios El Espíritu Santo Dios,
el eterno Espíritu fue
activo con el Padre e Hijo
en la creación, la
encarnación, y la redención.
Él inspiró a los
escritores de las
Escrituras. Él lleno la
vida de Cristo con poder.
Él llama y convence al
ser humano y aquellos que
responden, Él los renueva
y transforma en la imagen
de Dios. Enviado por Dios
y el Hijo para estar
siempre con sus hijos, Él
extiende dones
espirituales a la iglesia,
capacitándola para ser
testigo de Cristo, y en
armonía con las
Escrituras la lleva a toda
verdad. Sustento Bíblico: Génesis 1:1,2; Lucas 1:35; Lucas 4:18; Hechos 10:38; 2Pedro 1:21; 2Corintios 3:18; Efesios 4:11,12; Hechos 1:8; S.Juan 14:16-18; S.Juan 14:26; S.Juan 15:26,27; S.Juan 16:7-13
VI La Creación Dios
es Creador de todas las
cosas, y ha revelado en la
Escritura el relato auténtico
de Su actividad creativa.
En seis días el Señor
hizo los cielos y la
tierra y a todo ser
viviente sobre la tierra,
y descansó el séptimo día
de esa primera semana. Él
de tal manera estableció
el Sábado como perpetuo
conmemorativo de Su obra
creativa completada. El
primer hombre y mujer
fueron hechos a la imagen
de Dios como la obra
coronante de la Creación,
se les dio dominio sobre
la tierra, y la
responsabilidad de
cuidarla. Cuando el mundo
fue acabado era muy
bueno declarando la
gloria de Dios. Sustento Bíblico: Génesis 1 & 2;
Éxodo 20:8-11; Salmos 19:1-6; Salmos 33:6 & Salmos 33:9; Salmos 104; Hebreos 11:3
VII La Naturaleza Del Hombre Nuestros primeros padres fueron hechos a la imagen
de Dios, con
individualidad, la
capacidad y libertad de
pensar y obrar. Si bien
fueron creados como seres
libres, cada uno es una
unidad indivisible de
cuerpo, mente y espíritu,
dependiente de Dios para
la vida, la respiración y
todo lo demás. Cuando
nuestros primeros padres
desobedecieron a Dios,
negaron su dependencia de
él y cayeron de su
elevada posición que
ocupaban bajo la autoridad
de Dios. La imagen de Dios
en ellos fue dañada, y
pasaron a estar sujetos a
la muerte. Sus
descendientes comparten
esta naturaleza caída y
sus consecuencia. Nacen
con debilidades y
tendencias al mal. Pero
Dios en Cristo reconcilió
el mundo a sí mismo, y
por su Espíritu restaura
en los mortales penitentes
la imagen de su Hacedor.
Creados para la gloria de
Dios, se los llama a amar
a su Creador y los unos a
los otros, y a cuidar de
su ambiente. Sustento Bíblico: Génesis 1:26-28; Génesis 2:7; Salmos 8:4-8; Hechos 17:24-28; Génesis 3; Salmos 51:5; Romanos 5:12-17; 2Corintios 5:19,20; Salmos 51:10; 1Juan 4:7,8; 1Juan 4:11; 1Juan 4:20; Génesis 2:15
VIII El Gran Conflicto Toda la humanidad se halla ahora envuelta en una
gran controversia entre
Cristo y Satanás acerca
del carácter de Dios, su
ley, y su soberanía sobre
el universo. Este
conflicto se originó en
el cielo, cuando un ser
creado, dotado de libertad
de elección, al exaltarse
a sí mismo se convirtió
en Satanás, el adversario
de Dios y condujo a la
rebelión a una porción
de los ángeles. Introdujo
el Espíritu de rebelión
en este mundo cuando hizo
caer en el pecado a la
primera pareja. Este
pecado humano produjo la
distorsión de la imagen
de Dios en la humanidad,
el desorden en el mundo
creado, y su eventual
devastación por medio del
Diluvio universal.
Observado por toda la
creación, este mundo se
convirtió en la arena del
conflicto universal, en el
cual el Dios de amor será
finalmente vindicado. Con
el fin de socorrer a su
pueblo en esta
controversia, Cristo envía
el Espíritu Santo y los
ángeles leales para
guiarlos, protegerlos y
sostenerlos en el camino
de la salvación. Sustento Bíblico: Apocalipsis 12:4-9; Isaías 14:12-14; Ezequiel 28:12-18; Génesis 3; Romanos 1:19-32; Romanos 5:12-21; Romanos 8:19-22; Génesis 6:8; 2Pedro 3:6; 1Corintios 4:9; Hebreos 1:14
IX La Vida y La Muerte y La Resurrección de Cristo Los Adventistas del Séptimo Día creen en la vida
de perfecta obediencia a
la voluntad de Dios que
vivió Cristo. En sus
sufrimientos, su muerte y
resurrección, Dios proveyó
el único medio de expiar
el pecado de la humanidad,
de modo que los que
aceptan por fe esta
expiación pueden tener
vida eterna, y toda la
creación puede comprender
mejor el infinito y santo
amor del Creador. Esta
expiación perfecta
vindica la justicia de la
ley de Dios y la
benignidad de su carácter,
por cuanto condena nuestro
pecado y hace provisión
para nuestro perdón. La
muerte de Cristo es
substitutiva y expiatoria,
capaz de reconciliar y
transformar. La resurrección
de Cristo proclama el
triunfo de Dios sobre las
fuerzas del mal, y para
los que aceptan la expiación,
les asegura la victoria
final sobre el pecado y la
muerte. Proclama el señorío
de Jesucristo, ante el
cual se doblará toda
rodilla tanto en el cielo
como en la tierra. Sustento Bíblico: S.Juan 3:16; Isaías 53; 1Pedro 2:21,22; 1Corintios 15:3,4; 1Corintios 15:20-22; 2Corintios 5:14,15; 2Corinthios 5:19-21; Romanos 1:4; Romanos 3:25; Romanos 4:25; Romanos 8:3,4; 1Juan 2:2; 1Juan 4:10; Colosenses 2:15; Filipenses. 2:6-11
X Lal Experiencia de la Salvación En
infinito amor y
misericordia Dios dejo que
Cristo quien no conoció
pecado, llevara pecado por
nosotros para que en Él
pudiéramos ser hechos
rectos ante Dios. Guiados
por el Espíritu Santo
sentimos nuestra
necesidad, reconocemos
nuestra manera pecaminosa,
nos arrepentimos de
nuestras transgresiones, y
ejercemos fe en Jesús
como Señor y Cristo, como
sustituto y ejemplo. Esta
fe la cual recibe salvación
viene por medio del poder
divino del Verbo y recibe
el don de la gracia de
Dios. Por medio de Cristo
somos justificados,
adoptados como hijos e
hijas de Dios y librados
del dominio del pecado.
Por medio del Espíritu
nacemos de nuevo y somos
santificados. El Espíritu
renueva nuestras mentes,
escribiendo la ley de Dios
en nuestros corazones y
nos da poder para vivir
una vida santa.
Permaneciendo en Él somos
hechos partícipes de la
naturaleza divina, y
tenemos la seguridad de la
salvación hoy y en el
juicio final. Sustento Bíblico: 2Corintios 5:17-21; S.Juan 3:16; Gálatas 1:4; Gálatas 4:4-7; Tito 3:3-7; S.Juan 16:8; Gálatas 3:13,14; 1Pedro 2:21,22; Romanos 10:17; Lucas 17:5; Marcos 9:23,24; Efesios 2:5-10; Romanos 3:21-26; Colosenses 1:13,14; Romanos 8:14-17; Gálatas 3:26; S.Juan 3:3-8; 1Pedro 1:23; Romanos 12:2; Hebreos 8:7-12; Ezequiel 36:25-27; 2Pedro 1:3,4; Romanos 8:1-4; Romanos 5:6-10
XI La Iglesia La
iglesia es la comunidad de
creyentes que confiesa a
Cristo Jesús como Señor
y Salvador. Así como el
pueblo de Dios en los
tiempos del Antiguo
Testamento somos llamados
a salir del mundo. Nos
reunimos para alabar, el
compañerismo, la
instrucción en la
Palabra, celebrar la Cena
del Señor, el servicio a
la humanidad, y la
proclamación mundial del
evangelio. La iglesia
recibe su autoridad de
Cristo quien es el Verbo
encarnado, y de las
Escrituras que son la
Palabra escrita. La
iglesia es la familia de
Dios, adoptada por Él
como hijos e hijas, sus
miembros viven por acabo
del nuevo pacto. La
iglesia es la novia por
quien Cristo murió con
tal de santificarla y
limpiarla. En Su regreso
triunfante, Él la
presentara a Sí mismo una
gloriosa iglesia, los
fieles de todas las
edades, la compra de Su
sangre, no teniendo falla
o arruga, sino que santa y
sin mancha. Sustento Bíblico: Génesis 12:3; Hechos 7:38; Efesios 4:11-15; Efesios 3:8-11; Mateo 28:19,20; Mateo 16:13-20; Mateo 18:18; Efesios 2:19-22; Efesios 1:22,23; Efesios 5:23-27; Colosenses 1:17,18
XII El
Remanente Y Su Misión La
iglesia universal es
compuesta de todos
aquellos quienes
verdaderamente creen en
Cristo. En los últimos días
cuando la apostasía se ha
generalizado de tal
manera, un remanente ha
sido llamado fuera para
guardar los mandamientos
de Dios y la fe de Jesús.
Este remanente anuncia la
llegada de la hora del
juicio, proclama la
salvación por medio de
Cristo, y da voz del
pronto advenimiento de Él.
Esta proclamación es
simbolizada por los tres
ángeles de Apocalipsis
14. Coincide con el juicio
investigador en el cielo y
produce una obra de
arrepentimiento y reforma
en la tierra. Todo
creyente es llamado a
tener una parte personal
en esta testificación
mundial. Sustento Bíblico: Apocalipsis 12:17; Apocalipsis14:6-12; Apocalipsis 18:1-4; 2Corintios 5:10; Judas 3 & Judas 14; 1Pedro 1:16-19; 2Pedro 3:10-14; Apocalipsis 21:1-14
XIII La Unidad en el Cuerpo de Cristo La
iglesia es un cuerpo con
muchos miembros, llamados
de toda nación, tribu,
lengua, y pueblo. En
Cristo somos una nueva
criatura, sin distinciones
de raza, cultura, educación,
y nacionalidad, sin
diferencias entre alto y
bajo, rico y pobre, hombre
y mujer, no debe haber
división entre nosotros.
Somos todos iguales en
Cristo, quien por un solo
Espíritu nos ha enlazado
en compañerismo con Él y
los unos con los otros.
Estamos para servir y ser
servidos sin parcialidad o
reservas. Por medio de la
revelación de Cristo Jesús
en las Escrituras
compartimos la misma fe y
esperanza, y unidos damos
un mismo testimonio al
mundo. Esta unidad tiene
su fuente en la perfecta
unión de los miembros de
la Deidad, que nos han
adoptado como sus hijos. Sustento Bíblico: Romanos 12:4,5; 1Corintios 12:12-14; Mateo 28:19,20; Salmos 133:1,2; 2Corintios 5:16,17; Hechos 17:26,27; Gálatas 3:27,29; Colosenses 3:10-15; Efesios 4:14-16; 4:1-6; S.Juan 17:20-23
XIV El Bautismo Con
el bautismo confesamos
nuestra fe en la muerte y
resurrección de Cristo
Jesús, y testificamos de
nuestra muerte al pecado y
de nuestra intención de
caminar en una vida nueva.
Así reconocemos a Cristo
como Señor y Salvador,
nos convertimos en sus
criaturas, y somos
recibidos como miembros en
Su iglesia. El bautismo es
símbolo de nuestra unión
con Cristo, del perdón de
nuestros pecados, y de
nuestra recepción del Espíritu
Santo. Es por inmersión
en agua y dependiente de
una afirmación de la fe
en Jesús y un
arrepentimiento de pecados
evidente. Sigue la
instrucción en las Santas
Escrituras y aceptación
en sus enseñanzas. Sustento Bíblico: Romanos 6:1-6; Colosenses 2:12,13; Hechos 16:30-33; Hechos 22:16; Hechos 2:38; Mateo 28:19,20
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XV La Cena del Señor La Cena del Señor es la participación de los
emblemas del cuerpo y la
sangre de Jesús como una
expresión de fe en él,
nuestro Señor y Salvador.
En esta experiencia de
comunión, Cristo está
presente para encontrarse
con su pueblo y
fortalecerlo. Al
participar, proclamamos
gozosos la muerte del Señor
hasta que vuelva, la
preparación para la Cena
incluye el examen de uno
mismo, el arrepentimiento
y la confesión. El
Maestro ordenó el
servicio del lavamiento de
los pies para simbolizar
la purificación renovada,
para expresar el deseo de
servirnos los unos a los
otros en humildad
cristiana, y para unir
nuestros corazones en
amor. El servicio de la
Comunión está abierto
para todos los cristianos
creyentes. Sustento Bíblico: 1Corintios 10:16,17; 1Corintios 11:23-30; Mateo 26:17-30; Apocalipsis 3:20; S.Juan 6:48-63; S.Juan 13:1-17
XVI Dones
y Ministerios Espirituales Los Adventistas del séptimo día creen que Dios
concede a todos los
miembros de su iglesia en
todas las edades, dones
espirituales, los cuales
cada miembro debe usar en
el ministerio de amor para
el bien común de la
iglesia y la humanidad.
Dados por la agencia del
espíritu Santo, el cual
reparte a cada miembro según
su voluntad, los dones
proveen todas las
capacidades y misterios
que necesita la iglesia
para cumplir
sus funciones
divinamente ordenadas. Según
las Escrituras, dichos
dones incluyen los
ministerios de la fe,
sanidades, profecía,
proclamación, enseñanza,
administración,
reconciliación, compasión,
y servicio abnegado y
caridad, para ayuda y
apoyo del pueblo. Algunos
miembros son
llamados por Dios y
capacitados por el Espíritu
para realizar funciones
reconocidas por la iglesia
en misterios pastoral,
evangelístico, apostólico
y de enseñanza, los
cuales se necesitan
especialmente para equipar
los miembros para el
servicio, para edificar la
iglesia hasta la madurez
espiritual, y con el fin
de promover la unidad de
la fe y del conocimiento
de Dios. Cuando los
miembros usan estos dones
espirituales como fieles
mayordomos de la
multiforme gracia de Dios,
la iglesia se ve protegida
de la influencia
destructora de las falsas
doctrinas, crece con el
crecimiento que viene de
Dios, y se ve fortalecida
en la fe y en el amor. Sustento Bíblico: Romanos 12:4-8; 1Corintios 2:9-11 & 27-28; Efesios 4:8 & 11-16; Hechos 6:1-7; 1Timoteo 2:1-3; 1Pedro 4:10,11
XVII El Don de Profecía Unos de los dones del Espíritu Santo es la profecía. Este don es una marca identificadora de la iglesia remanente y fue manifestada en los ministros de Elena G. de White. Como la mensajera de Dios, sus escritos son fuente continuo y autoritivo de la verdad la cual provee para la iglesia comodidad, dirección, instrucción, y corrección. También hacen claro que la Biblia es el unico estandarte por la cual toda enseñanza y experiencia debe ser probada. Sustento Bíblico: Joel 2:28,29; Hechos 2:14-21; Hebreos 1:1-3; Apocalipsis 12:17; Apocalipsis 19:10
XVIII La Ley de Dios Los
grandes principios de la
ley de Dios son
incorporados en los Diez
Mandamientos y
ejemplificados en la vida
de Cristo. Ellos expresan
el amor de Dios, su
voluntad, y propósitos
concernientes a la
conducta humana y sus
relaciones, son
obligatorios para toda
persona en cada época.
Estos preceptos son la
base del pacto de Dios con
su pueblo y son el
estandarte en los juicios
de Dios. Por medio de la
obra del Espíritu Santo
estos señalan el pecado y
despiertan el sentido de
necesidad de un Salvador.
La salvación es
completamente por gracia y
no por obras, pero sus
frutos es la obediencia a
los Mandamientos. Esta
obediencia desarrolla el
carácter cristiano y
produce la sensación de
bienestar. Es una
evidencia de nuestro amor
por el Señor y de nuestra
preocupación por nuestros
semejantes. La obediencia
por fe demuestra el poder
de Cristo para transformar
vidas y para fortalecer la
testificación cristiana. Sustento Bíblico:
Éxodo 20:1-17; Salmos 40:7,8; Mateo 22:36-40; Deuteronomio 28:1-14; Mateo 5:17-20; Hebreos 8:8-10; S.Juan 16:7-10; Efesios 2:8-10; 1Juan 5:3; Romanos 8:3,4; Salmos 19:7-14
XIX El Sábado El
Creador benéfico, después
de los seis días de la
creación, descansó el séptimo
día e instituyó el sábado
para toda persona como
memorial de la creación.
El cuarto mandamiento de
la incambiable ley de Dios
requiere la observancia
del séptimo día, Sábado,
como día de descanso,
alabanza, y ministerio en
armonía con la enseñanza
y observancia de Jesús,
el Señor del Sábado. El
Sábado es un día de
comunión deleitosa con
Dios y de unos con otros.
Es un símbolo de nuestra
redención en Cristo, una
señal de nuestra
santificación, una prenda
de nuestra fidelidad, y un
goce anticipado de nuestro
eterno futuro en el reino
de Dios. El Sábado es señal
perpetua del pacto eterno
de Dios con su pueblo. La
observancia gozosa de este
tiempo santo de tarde a
tarde, de puesta a puesta
de sol, es celebración de
la obra creadora y
redentora de Dios. Sustento Bíblico: Génesis 2:1-3; Exodo 20:8-11; Lucas 4:16; Isaías 56:5,6; Isaías 58:13,14; Mateo 12:1-12; Exodo 31:13-17; Ezequiel 20:12 & 20:20; Deuteronomio 5:12-15; Hebreos 4:1-11; Levítico 23:32; Marcos 1:32
XX La Mayordomía Somos
los mayordomos de Dios a
quienes Él ha confiado
tiempo y oportunidades,
habilidades y posesiones,
y las bendiciones de la
tierra y sus recursos.
Somos responsables ante Él
por su uso apropiado.
Reconocemos que Él es dueño
por medio de nuestro
servicio fiel a Él y a
nuestro prójimo, y por la
devolución del diezmo y
dando ofrendas para la
proclamación de su
Evangelio, y el sostén y
crecimiento de su Iglesia.
La mayordomía es un
privilegio dado por Dios
para nutrirnos en amor y
para la victoria sobre el
egoísmo y la codicia. El
mayordomo se regocija con
las bendiciones que otros
reciben como resultado de
su fidelidad. Sustento Bíblico: Génesis 1:26-28; Génesis 2:15; 1Crónicas 29:14; Hageo 1:3-11; Malaquías 3:8-12; 1Corintios 9:9-14; Mateo 23:23; Romanos 15:26,27; 2Corintios 8:1-15
XXI La Conducta Cristiana Somos
llamados a ser personas
devotas quienes piensan,
sienten, y actúan en
armonía con los
principios celestiales.
Para que el Espíritu
pueda recrearnos en el carácter
de nuestro Señor debemos
envolvernos en esas cosas
que producirán la pureza,
salud, y gozo cristiano en
nuestras vidas. Esto
significa que nuestro
recreo y entretenimiento
debe de cumplir los
estandartes más altos del
paladar y la belleza
cristiana. Mientras
reconocemos las
diferencias culturales
nuestra vestimenta ha de
ser simple, modesta, y
primorosa, conveniente de
cuales la verdadera
belleza no consiste de un
adorno superficial sino en
la ornamentación
imperecedera de un espíritu
manso y quieto. Esto también
significa que porque
nuestros cuerpos son
templos del Espíritu
Santo debemos de cuidarlos
sabiamente. Junto con
ejercicio y descanso
adecuado debemos de
adoptar la dieta más
saludable posible y
abstener de comidas
inmundas identificadas en
las Escrituras. Ya que las
bebidas alcohólicas, el
tabaco, y el abuso de las
drogas y narcóticos son
dañinas a nuestros
cuerpos debemos abstener
de ellas también. En
cambio debemos ocuparnos
en todo lo que traiga a
nuestras mentes y cuerpos
a la disciplina de Cristo
quien desea nuestro gozo y
bienestar. Sustento Bíblico: Romanos 12:1,2; 1Juan2:6; Efesios 5:1-21; Filipenses 4:8; 2Corintios 10:5; 2Corintios 6:14-7:1; 1Pedro 3:1-4; 1Corintios 6:19,20; 1Corintios 10:31; Levítico 11:1-47; 3Juan 2
XXII El Matrimonio Y La Familia El
matrimonio fue divinamente
establecido en el Edén y
confirmado por Jesús como
unión para toda la vida
en compañerismo amoroso
de un hombre y una mujer.
Para el cristiano el
compromiso de matrimonio
es tanto ante Dios como
ante el cónyuge, y debería
realizarse entre parejas
que comparten la misma fe.
El mutuo amor, la honra,
el respeto, y la
responsabilidad son la fábrica
de esta relación la cual
ha de reflejar el amor, la
santidad, intimidad, y
permanencia de la relación
entre Cristo y su iglesia.
Sobre el divorcio, Jesús
enseño que la persona que
se divorcia de su cónyuge
para casarse con otro,
excepto en caso de
fornicación, comete
adulterio. Aunque algunas
relaciones familiares
pueden estar lejos de lo
ideal, los matrimonios que
se entregan completamente
uno al otro en Cristo
pueden realizar una unidad
amorosa por medio de la
dirección del Espíritu y
la educación de la
iglesia. Dios bendice a la
familia y intenta que su
membresía asista el uno
al otro hacia la madurez
completa. Los padres han
de criar a sus hijos para
amar y obedecer al Señor.
Por su ejemplo y sus
palabras ellos han de enseñarles
que Cristo es un
disciplinario amoroso,
siempre haciendo y
cuidando, quien quiere que
ellos sean miembros de su
cuerpo, la familia de
Dios. Aumentando la cercanía
familiar es un distintivo
de este mensaje evangelístico
final. Sustento Bíblico: Génesis 2:18-25; Mateo 19:3-9; S.Juan 2:1-11; 2Corintios 6:14; Efesios 5:21-33; Mateo 5:31,32; Marcos 10:11,12; Lucas 16:18; 1Corintios 7:10,11; Éxodo 20:12; Efesios 6:1-4; Deuteronomio 6:5-9; Proverbios 22:6; Malaquías 4:5,6
XXIII El Ministerio de Cristo en el Santuario Celestial Hay
un santuario en el cielo,
el verdadero tabernáculo
el cual el Señor levantó
y no el hombre. En él
Cristo intercede por
nuestra parte haciendo
disponible a todos los
creyentes el beneficio de
su sacrificio expiatorio
ofrecido por todos en la
cruz. Fue investido como
nuestro sumo sacerdote y
comenzó su ministerio de
intercesión en el momento
de su ascensión. En 1844
al final de los 2.300 días
proféticos, inició la
segunda y última fase de
su ministerio de expiación.
Esta es una obra del
juicio investigador que
forma parte del desenlace
definitivo de todos los
pecados, tipificado por la
purificación en el
antiguo santuario hebreo
en el día de las
expiaciones. En ese típico
servicio el santuario era
lavado con la sangre de
los animales sacrificados,
pero lo celestial es
purificado con el perfecto
sacrificio de la sangre de
Jesús. El juicio
investigador revela a los
seres celestiales quienes
de los que duermen con los
muertos son de Cristo y así
en Él, son juzgados
dignos de tener parte en
la primera resurrección.
También manifiesta
quienes de los vivos
cumplen con Cristo,
guardando los mandamientos
de Dios y la fe de Jesús.
Así en Él están
preparados para el
traslado a su reino
eterno. Este juicio
vindica la justicia de
Dios al salvar los que
creen en Jesús. Declara
que aquellos quienes han
permanecido fieles a Dios
recibirán el reino
celestial. La realización
del ministerio de Cristo
marcará el cierre del
tiempo de gracia para el
hombre y señala la
Segunda Venida. Sustento Bíblico: Hebreos 8:1-5; Hebreos 4:14-16; Hebreos 9:11-28; Hebreos 10:19-22; Hebreos 1:3; Hebreos 2:16,17; Daniel 7:9-27; Daniel 8:13,14; Daniel 9:24-27; Números 14:34; Ezequiel 4:6; Levítico 16; Apocalipsis 14:6,7; Apocalipsis 20:12; Apocalipsis 14:12; Apocalipsis 22:12
XXIV La Segunda Venida de Cristo La
segunda venida de Cristo
es la esperanza bendita de
la iglesia, el gran clímax
del evangelio. La venida
del Salvador será
literal, personal,
visible, y mundial. Cuando
Él regrese, los muertos
justos serán resucitados
y juntos con los vivos
justos serán glorificados
y llevados al cielo, pero
los impíos vivos morirán.
El cumplimiento casi
completo de la mayor parte
de las profecías junto
con la condición hoy día
del mundo, indican que la
venida de Cristo es
inminente. La hora y el
tiempo de ese evento no
han sido revelados pero
somos exhortados a estar
listos a todo tiempo. Sustento Bíblico: Tito 2:13; Hebreos 9:28; S.Juan 14:1-3; Hechos 1:9-11; Mateo 24:14, Apocalipsis 1:7; Mateo 24:43,44; Mateo 26:64; 1Tesalonicenses 4:13-18; 1Corintios 15:51-54; 1Tesalonicenses 1:7-10; 1Tesalonicenses2:8, Apocalipsis 14:14-20; Apocalipsis 19:11-21, Mateo 24, Marcos 13; Lucas 21; 2Timoteo 3:1-5; 1Tesalonicenses 5:1-6
XXV La Muerte Y La Resurrección La
paga del pecado es muerte.
Pero Dios quien sólo
posee inmortalidad,
concederá vida eterna a
sus redimidos. Hasta ese día,
la muerte es un estado de
inconsciencia para toda
persona. Cuando Cristo,
nuestra vida, aparezca,
los justos resucitados y
los justos vivos serán
glorificados y arrebatados
para encontrarse con su Señor.
La segunda resurrección,
la resurrección de los
impíos, tendrá lugar mil
años después. Sustento Bíblico: Romanos 6:23; 1Timoteo 6:15,16; Eclesiastés 9:5,6; Salmos 146:3,4; Juan 11:11-14; Colosenses 3:4; 1Corintios 15:51-54; 1Tesalonicenses 4:13-17;
S. Juan 5:28,29; Apocalipsis 20:1-20
XXVI El Milenio y el Fin del Pecado El
milenio es el reinado por
mil años de Cristo y los
redimidos en el cielo,
entre la primera y la
segunda resurrección.
Durante este tiempo, los
impíos serán juzgados.
La tierra estará
completamente desolada,
sin habitantes humanos,
siendo ocupada por Satanás
y sus ángeles. Al cierre
Cristo y sus santos y la
santa ciudad descenderá
del cielo a la tierra. Los
impíos muertos serán
entonces resucitados y
junto con Satanás y sus
ángeles rodearán la
ciudad, pero el fuego de
Dios los consumirá,
purificando la tierra. El
universo así será
librado del pecado y los
impíos para siempre. Sustento Bíblico: Apocalipsis 20, 1Corintios 6:2,3; Jeremías 4:23-26; Apocalipsis 21:1-5, Malaquías 4:1; Ezequiel 28:18,19
XXVII La Tierra Nueva Los Adventistas del Séptimo Día creen en la tierra
nueva, donde mora la
justicia y Dios proveerá
un hogar eterno para los
redimidos y un ambiente
perfecto de vida, amor y
gozo, y de conocimiento en
su presencia. Porque allí
Dios mismo habitará con
su pueblo, y el
sufrimiento y la muerte
pasarán. La gran
controversia terminará, y
el pecado no existirá más.
Todas las cosas, animadas
e inanimadas, declararán
que Dios es amor; y él
reinará para siempre. Amén. Sustento Bíblico: 2Pedro 3:13; Isaías 35; Isaías 65:17-25 Mateo 5:5, Apocalipsis 21:1-7; Apocalipsis 22:1-5; Apocalipsis 11:15
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